Get Adobe Flash player

"La bestia invisible": el Ser sobre el escenario

Rompiendo todos los moldes sobre las obras teatrales convencionales, "La bestia invisible", con puesta de Nayla Pose, crea una atmósfera tan atípica como hipnótica Las estructuras narrativas fueron creadas para ser destruidas. Ante la inmensa oferta teatral que ofrece la cartelera porteña, es un placer en sí mismo encontrarse con una obra diferente.

Diferente no solo en el qué plantea, sino en el cómo. División en tres actos, un hilo conductor, una puesta orgánica, un texto férreo, y puntos claros de focalización con un escenario delimitado. Todo eso que parece una regla imbatible de la conjunción teatral, desaparece desde el primer segundo de La bestia invisible, ante una forma narrativa que invita ser descubierta mientras nos cobija.

¿Cuál es la historia que cuenta? Ninguna, y muchas a la vez ¿Qué es lo que mueve a sus personajes englobándolos? En realidad nada, y muchas cosas. Son seres que se muestran, que nos hablan y se hablan, que exponen su esencia delante nuestro.

Sí, no es sencillo describir la experiencia a la que asistimos en "La bestia invisible", son un cúmulo de sensaciones variadas. Es cierto que por momentos podemos perdernos, que no siempre será claro qué es lo que sucede y se cuenta.

Tampoco es claro que nos/los una ahí. Sin embargo, va surgiendo la convicción de estar asistiendo a una obra abrazadora, y arrasadora.

Nada de ubicar el escenario sobre una tarima, se nos habla de igual a igual, como si estuviésemos en el centro, como si fuésemos parte. Sólo nos separa una puerta vidriada que pronto se correrá. En el inicio son un grupo de personas, hombres y mujeres, jóvenes, que bailan frenéticos alumbrados por los neones o los leds de sus celulares, mientras nosotros espiamos del otro lado de la puerta.

De pronto las miradas se cruzan, como advirtiendo que hay alguien del otro lado ¿Alguien que por fin desea escucharlos? Las miradas se van sumando de a una, y generan una sensación incómoda, cercana a una obra de género. La puerta se abre, ya estamos dentro. La bestia invisible funciona como un confesionario.

No el de banalidades en solitario como el de Gran Hermano, aquí exponen sus almas, recuerdan sus pasados, nos hablan de su infancia, de sus hechos más profundos, y hasta recurren a recuerdos de antepasados como aferrándose a algo que simbolice un eje.

Quizás, en medio de esas confesiones, nos encontremos a nosotros mismos. Algunos hablan de sueños, leen misivas en otro idioma que necesitarán de un interlocutor, otros ven en su cuerpo rasgos de sus antepasados, o los hallan dentro de un diario, o se transportan a la infancia de aquel ser invocado. También pueden hablar de su propia infancia, transportarse en una fábula, reflejarse en animales.

Quizás porque le temen al olvido, o por creer que no tienen nada importante qué decir, o simplemente no saben qué decir. Diez personajes sobre el escenario, simultáneamente, nunca uno lo abandonan, desnudan su espíritu, y sin que nos demos cuenta, nos hacen reflexionar y caminar por diferentes sensaciones, del temor a la angustia, a la risa y la introspección.

Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucía Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, Germán Leza, Loló Muñoz, y Pipo Manzioni; le ponen cuerpo y actitud a esta puesta de Nayla Pose, con textos compuestos entre todos.

Esa idea de conjunto es algo palpable, ellos mismos desde el escenario y sin ocultarlo, sino integrándolo a la obra, se encargan de la música, del sonido, y de algunos cambios de vestuario y maquillaje. Colocan y corren micrófonos de pie, lo cual da más sensación a confesión, a antiguo programa radial. Esta visión de una obra permanentemente en movimiento, desconcierta a la vez de resultar sumamente atractiva.

"La bestia invisible" además de jugar armoniosamente con el sonido abrigador, juega con las luces, todo se ve, queda expuesto, pero las luces van y vienen, dispersas, y se aprovecha un campo de neón apoyándose en la oscuridad.

Se respira aire de juventud. Todos estos elementos rompen con un punto de vista focal, muchas veces no sabemos hacia dónde mirar.

Hay alguien hablando, pero nuestra mirada se pose en algo que sucede detrás, entre los otros personajes, cada uno hace algo, siempre. Hay una idea de dimensionalidad explorada, pocas veces vista en el teatro.

Una obra de estas características, necesita de intérpretes comprometidos, y "La bestia invisible" lo logra, en base a una correcta marcación, y a un fuerte compromiso para hacer que todo resulta vívido y creíble. El modo despojado en que actúan y posan nos hace perder la idea de estar frente a actores. En determinado momento estamos frente a personas que nos hablan de su vida, de sus dudas y deseos.

Todos los sábados a las 22hs en el teatro El brío (Álvarez Thomas 1582, CABA) se nos abre las puerta a una experiencia única, con magia y realidad. "La bestia invisible" propone que asistamos a algo más que una obra teatral, nos propone un juego de espejos, de pérdidas y encuentros de nuestro ser. Nos lleva a no estar siempre seguros y en una zona de confort.

"La bestia invisible" invita a sentir.

Ultima actualización (Miércoles 23 de Mayo de 2018 12:53)