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#FICIC (tercera entrega): competencia internacional #PolosOpuestosSeAtraen

En una nueva jornada festivalera a sala llena en Cosquín, donde rápidamente se fueron agotando las entradas para la mayoría de las proyecciones, dentro de la Competencia Internacional se presentaron dos trabajos de realizadores argentinos que, si bien presentan realidades sociales completamente opuestas y que en su lenguaje, su abordaje y su formato se trabajan casi desde lugares opuestos, podremos encontrar muchos puntos en común que, de alguna forma, permite que ambas películas dialoguen dentro del Festival.

Luego de una extensa trayectoria como dramaturga y actriz teatral, conocida también por sus trabajos cinematográficos en “El Estudiante”, “Medianeras” pero por sobre todo como una de las actrices referentes del cine de Matías Piñeiro (“Viola” “Todos mienten” “La princesa de Francia”), Romina Paula se lanza ahora detrás de la cámara en su Opera Prima -en donde también es la protagonista- con “DE NUEVO, OTRA VEZ”. En una primera capa, pareciera que intenta construir un relato sobre la “famosa” crisis de los 40, evitando caer en los transitados lugares comunes y lo ya dicho por otros autores.

Rearma entonces la historia a través de un relato intimista, personal, con marcadas referencias autobiográficas y con diversos disparadores que le permiten cuestionarse no solo el conflicto relativo a una edad sino que también se cuestiona el lugar de la maternidad, su historia familiar, su sexualidad: en definitiva, una película que intenta construir una historia sobre el verdadero deseo y la búsqueda interior en un punto de inflexión que parece ser un momento de definiciones.

Romina Paula nutre a su personaje de sus propias vivencias –aún en riesgo de caer una y otra vez en lo autoreferencial y no poder escaparse de su propio espejo- y su relato gana en los momentos de interacción con su madre y en el interesante triángulo que se plantea entre abuela-madre-hijo/nieto, como una nueva forma de redescubrir los lazos familiares.

Algunos desengaños amorosos en medio de la exploración de un territorio que le es tan ajeno como novedoso y la incertidumbre respecto del futuro de su pareja que sobrevuela todo el relato, están construidos con naturalidad y precisión mientras que un excesivo uso de la voz en off (correcto en su planteo inicial pero que luego utiliza textos y reflexiones que quizás en un sentido literario pueden funcionar mucho mejor que cinematográficamente) y algunos diálogos que suenan disonantes y algo ajenos a la frescura de los personajes, atentan contra la fluidez de esta Opera Prima que bucea en el pasado para construir el futuro de este personaje, casi doble de su propia creadora.

Aparentemente en las antípodas, César González, director de “Qué puede un cuerpo?” y la reciente “Atenas”, presentó la experimental “LLUVIA DE JAULAS” en donde se registra con su mirada experta, algunos fragmentos y situaciones de la vida doméstica villera.

La cámara de González recorre y avanza sobre un espacio que le es propio y por lo tanto se mueve con suma naturalidad, con un registro documental atractivo y atrapante: la villa Carlos Gardel, la 21 y la 31 se contraponen no sólo estéticamente con el paisaje urbano de sus inmediaciones.

Sus personajes por momentos tan enraizados en su propia geografía, parecen tan ajenos en otras calles y en otras esquinas, que los hacen extranjeros en la propia ciudad y González se limita a mostrarlos en su cotidiano, sin ningún juicio de valor ni con ningún interés de planteo narrativo convencional. Hay por cierto un interés por dejar planteadas ciertas inquietudes y preguntas, que será tarea del espectador resolver –si es que podemos hablar de resolución o sencillamente seguir reflexionando, luego de haberse dejado penetrar por las sensaciones que irrumpen frente a la obra de González.

Como su propia forma de arte (hay fragmentos de su poética dentro de la película) y en la búsqueda de un estilo propio, dispara simultáneamente, sin intentar darle preponderancia a ninguno de ellos, temas como: la represión policial, la infancia atravesada por la droga y el delito, las muertes, las pérdidas, el trabajo, los vínculos familiares, la violencia de género bajo la particular estética deliberadamente construida para provocar al espectador, imposible de no verse modificado por su cine.

¿Qué tienen, entonces, en común “LLUVIA DE JAULAS” y “DE NUEVO, OTRA VEZ”? Que ambos directores refieren a un cine de clases con conflictos que se encuadran dentro de un contexto claro y preciso (Paula en una clase acomodada mientras que González conoce a la perfección todos los vericuetos villeros) y que ambos eligen moverse en territorios que conocen y que les permiten narrar desde un sentido de pertenencia.

Cada uno en su estilo, intentan poner en sus obras múltiples disparadores –quizás demasiados- construyendo sus películas desde un tono fragmentado y alejado de la construcción narrativa tradicional –mucho más marcado aún en la estética que elige González- explorando una forma distinta de expresión.

El punto más fuerte que los une, aun cuando parezca contradictorio, es que eligiendo partir desde espacios tan conocidos y vívidos, tanto Paula como González se distancian de sus personajes como observándolos y desmarcándose ellos mismos de la clase que eligieron retratar.