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Entrevista: Nicolás Torchinsky "La nostalgia del centauro suma la posibilidad de pensarnos a partir de nuestras tradiciones culturales".

Nicolás Torchinsky debuta en el largometraje con "La nostalfgia del centauro".

El film,que refleja la vida de Alba y Juan en el norte,  propone un viaje hacia tradiciones patriarcales, denunciando un estado latente y permanente de sumisión y sujeción, avalado por una cultura que mira hacia otro lado. En el montaje, Torchinsky trabajó junto a la prestigiosa realizadora y editora Ana Poliak ("Que vivan los crotos!"Hablamos con el realizador para conocer más de la propuesta.

¿Cómo llegaste a Alba y Juan?

Suelo decir que la película me buscó a mí, fui a Tucumán para otra producción y a través de la invitación de una amiga, que hizo de guía, nos invitó a casa de sus padres y allí estaban ellos. Después de varios días de convivencia me apareció la idea de una posible película y les propusimos si querían participar, estuvieron de acuerdo y pensamos entre todos qué podíamos hacer para que no tuvieran que actuar. Apareció la tradición como guía, en constante tensión entre lo que parece estar destinado a durar y permanecer y que al mismo tiempo amenaza con desaparecer.

¿Se complicó convivir con Juan, sus ideas patriarcales tan arraigadas? ¿Fue tu idea que justamente Alba aparezca con su apellido en los títulos?

Ella siempre se presentó así, es un tema de Juan el creer que ella tiene que llevar su apellido. Desde que empecé a filmar hasta hoy el punto de vista sobre la película y mis ideas se ha modificado. En el inicio del rodaje ni si quiera estaba en agenda la palabra patriarcado. Fuimos por la tradición y nos encontramos con eso. Cuando hace su enunciado violento, a mí me dio por repreguntar, que es el único momento en el que se me escucha. Hoy suma la posibilidad de pensarnos a partir de nuestras tradiciones culturales.

Cuando Alba habla de Juan se la ve con mucha liberación…

La idea, justamente, era que no había película posible sin la voz de ella, y fue un hallazgo que ella se animara y encontrara, su voz dentro de ella es un estallido.

¿Por qué crees que esto es tan arraigado, principalmente en el norte?

Es interesante, además, lo que pasó después del rodaje, Alba y Juan se separaron, no puedo decir que fue por la película.

Pero tal vez le puso en evidencia esa necesidad…

Creo que le dio la reflexión, ponerlo en palabras, permitió eso, ella sola fue hilando esas ideas.

¿Hubo muchas situaciones en las que se cambiaba el rodaje?

Teníamos muchas propuestas de observación de su vida cotidiana, de la relación entre ellos,  pero la mayoría de las cosas que quedaron en la película son cosas no programadas.

¿Eso te gusta más? Que el rodaje sorprenda?

El control es relativo, las herramientas estaban para ver cómo pararnos frente a qué acontecía, y ver cómo construíamos el vínculo para encontrarnos en el cine.

¿Juan era más consciente que Alba de la cámara?

El creía que la película era de él, no porque se le haya dicho, por una convicción personal, y de hecho cuando volvimos la segunda vez, estuvimos más con Alba, y se enojó, hasta un punto que no nos saludó cuando nos fuimos. Él siempre quiere ser el protagonista, es un pensamiento absolutamente patriarcal.

¿Cómo fue el montaje con Ana?

El trabajo de Ana fue primordial, nunca hubo proyecto, teníamos una intuición y salimos a filmar, y Ana escribió el guion en el montaje. Trabajamos con cierta intermitencia, porque hay algo sensible del trabajo del montajista. Ella es una gran montajista y directora, y encontró el punto.

¿Cuál fue la última vez que se tocó el material?

A principios de 2016 ya la teníamos terminada, y desde ese momento buscamos plata para pagar la post producción, conseguimos algo del INCAA para hacer color, y después empezó el recorrido por festivales.

¿Expectativas ante el estreno?

Algo que me pasó es que no tenía una pretensión, o no me imaginaba cómo la recibirían afuera, de hecho no pensaba cómo se recibiría, y acá tampoco, es una película que propone una experiencia, sensorial y sensible, con una estructura didáctica, de poema, sin intención de construir un sentido unívoco. Voy entendiendo cada vez más la película en cuanto se encuentra con los espectadores. Para mí es una película que está viva. Habla de la tradición, el vínculo con naturaleza, animales, la tradición, la fé, con Dios, dónde está él, y mucho más.