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Entrevista: Sofia Brockenshir "Quisimos abrir un canal de discusión saliendo de la retórica de los medios masivos de comunicación"

La realizadora Sofía Brockenshire junto a Verna Kuri dirigen “Una Hermana”, desgarradora película, urgente, que llega finalmente a las salas.

Para conocer más del proceso de rodaje y la propuesta dialogamos con Brockenshire días antes del estreno.

La película toca un tema de urgencia con un vuelo ficcional que aumenta su disparador narrativo inicial, ¿cómo fue pensar esa premisa y luego desarrollarla?

Nos atrae mucho la idea de que una imagen sea disparadora para construir una narrativa, y no al revés: partimos de imágenes de las cuales se desprende una atmósfera, un universo particular, y que luego sostengan una ficción dada. Un gran referente visual para esto fue la obra de Andrew Wyeth, particularmente “Christina’s World”, el retrato de una mujer de espaldas en un campo dorado. A medida que se contemplan los detalles de esa imagen, se va revelando una historia. Al explorar espacios o lugares así en un contexto Argentino, un tópico recurrente que aparecía era la ausencia y desaparición en combinación con la presencia de una mujer protagonista. A medida que avanzábamos con la escritura, encontramos una traducción en la actualidad de la Argentina, y que representaba un compromiso especial para nosotras. Al hablar de la historia de una desaparición, nuestro gran desafío era no terminar en los lugares comunes de una historia, ni en el golpe bajo, ni en el género cinematográfico. “Chicas Muertas”, de Selva Almada, fue otro gran referente para entender la posibilidad de crear una narrativa que fuera aguda y fina a la hora de contar los casos de mujeres desaparecidas pero que también tuviera espíritu propio. Desarrollarlo fue entonces encontrar todos los elementos para lograr ese equilibrio - la construcción de los personajes, las investigaciones de casos, los protocolos de entidades y fuerzas de seguridad, pero también elegir las locaciones que tuvieran fuerza, las referencias de luz y colores, el casting de actores, y la temporalidad en el montaje.

El guion tiene índices que poco a poco van revelando aspectos sobre la desaparición ¿fue difícil desarrollarlo desde este punto?

Desde siempre queríamos cuidar la dosificación de información que hay en la película, por dos razones: la primera es simplemente porque en casos como estos, lamentablemente hay pocas precisiones y muchas incógnitas, y por ende muchas especulaciones, se necesita avanzar en base a una serie de supuestos. La segunda, casi contradictoria a la primera, es que no buscábamos aclarar un culpable claro o un policial de suspenso de orden clásico, porque no era el eje central entender ‘quién lo hizo’, o responder la pregunta ‘¿está muerta o no?’. La afirmación y el énfasis es que Lupe simplemente no aparece - con lo cual se desprenden una cantidad de otras cuestiones y preguntas para quienes quedan atrás. ¿Cómo hace Alba para seguir, cómo hace para mantenerse íntegra y sostener el núcleo familiar en esta situación? ¿Qué ‘vemos’ cuando deseamos el regreso de una persona querida? ¿Qué convicciones tiene ella, y qué les pasa a los demás? Nuestro gran guión en este sentido fue durante la etapa de montaje. Ahí pudimos reescribir por completo nuestra historia para justamente ir revelando poco a poco la información, saltando de una situación a otra sin respetar un orden cronológico, donde el espectador toma de su imaginación para completar las partes que quedan sin definición concreta.

El cast es clave, Sofía Palomino ofrece una actuación controlada y potente a la vez ¿cómo fue el trabajo con ella?

Sofía Palomino fue la primera actriz que llegó a la convocatoria de casting para el personaje principal. Lo que nos quedó grabado, aparte de llevar a cabo una improvisación muy sólida, fueron sus preguntas y observaciones específicas después de haber leído sólo una línea argumental. Nos gustó ese espíritu curioso y sentimos que manejábamos una mirada similar, de buscar un personaje que actuara sin sobresaltos, sin grandes dramatismos, porque la realidad es que Alba también está perdida. Tiene que avanzar a fuerza de su intuición, porque nadie aprende a priori cómo reaccionar o proceder a semejante situación desesperante. Nos manejamos mucho en esa línea y nos acercábamos a las escenas de esa manera, en quedarnos en lo impredecible y dar mucho espacio para que se pudiera dar algo natural.

¿Cuánto duró el rodaje y cómo seleccionaron las locaciones?

El rodaje se dividió en dos etapas: en la primera parte trabajamos con un equipo grande durante cuatro semanas. La segunda etapa todo fue al revés. Ya habiendo empezando la edición, salimos con un equipo reducido, con tiempo para improvisar y con una cámara mucho más chica que nos permitió movernos libremente adonde fuera. El rodaje empezó a tener una dinámica ágil e intimista. Como locaciones principales elegimos por un lado a un barrio ferroviario, Empalme de Lobos, con casas construidas a finales del siglo 19 para los operarios de los trenes. Estas casas rodean una estación de tren antigua. La segunda locación principal es un arroyo llamado Las Garzas ubicado a poco metros de la ruta 205, locación esencial para la trama y la atmósfera de la película. Hicimos mucha hincapié en elegir y destacar las locaciones en nuestra película, hasta influir en la narración. Los niños del barrio que vivían al lado de la estación del tren también participaron de manera azarosa. Cuando una noche los encontramos jugando a las escondidas en un vagón abandonado sabíamos enseguida que aportaban muchísimo para construir el universo de la película y el mundo alrededor de nuestra casa principal.

¿Qué dificultades encontraron a la hora de rodar?

Lo que más vértigo nos produjo fue el tiempo limitado que tuvimos para definir el tono de la película sin caer en un dramatismo falso, ni banalizar una realidad inmediata de la Argentina. La primera etapa fue compleja porque estábamos todavía encontrando la esencia del film, y lo consideramos más como una etapa de exploración, porque no nos vimos muy representadas con el material. Además, son otras las exigencias que demanda un rodaje con un equipo más numeroso - no sentimos la libertad tan abierta de salir a probar, inclusive a errar y encontrar un camino durante la filmación, que es también esencial a la hora de filmar. Nos apuramos y volvimos más complejo una historia que queríamos originalmente mantener simple, sutil. La segunda vuelta fue importantísimo para buscar un estilo más intimo, con un equipo más pequeño, más dispuestas a improvisar. Nos sirvió esta diferencia radical para definir el montaje final de la película.

¿Ayudó ser dos?

Definitivamente. Hacemos cine juntas desde hace años, y de manera independiente, con lo cual el esfuerzo que está puesto en producir algo es todo, y hemos compartido ese trabajo desde siempre, como algo natural, dado.  Es interesante saber que cada una sintió momentos de soledad cuando filmábamos, como lo vive cada persona que dirige, pero la clave es en el hacer. No se hace cine en soledad, es siempre un acto participativo y colaborativo, filmar en conjunto hizo de la experiencia algo más potente.  

Luego de rodar la película, ¿qué sienten que aporta a la problemática, y en un punto, sienten pesimismo que esto pueda modificarse de alguna manera?

Quisimos abrir un canal de discusión saliendo de la retórica de los medios masivos de comunicación, no de marcar un antes y un después de una película. Hay un conjunto de condiciones que llevan a la violencia contra las mujeres, que son síntoma de una situación de sociedad, y de un mundo. Esta película no es de denuncia, sino que es una reverencia a quienes viven o vivieron semejante situación, porque esos relatos tienen un lugar fuera del morbo o de los medios informáticos, y hasta en investigaciones que manejan otro tipo de lenguaje. La pregunta sería qué rol cumplimos en este entramado. Quizás nuestro aporte sea sólo de pensar y reflexionar, y sentimos que es válido, porque ha tocado un nervio y hay reacción, hay deseo de recomponer. Hay deseo de hablar de cómo nos ha afectado. En los últimos años, somos testigos de un gran movimiento de mujeres que ha sido inédito, y sólo puede seguir adelante - entonces pesimismo no sería la palabra adecuada.

¿Expectativas ante el estreno?

Hemos tenido un lindo viaje con la película y el estreno se siente como una despedida para que se encuentre con un público más amplio, a ver qué sucede allí. Pensando en que se trata de una película chica, sin grandes pretensiones, esperamos que algunos se puedan acercar a verlo en pantalla grande, porque fue pensado para verlo de esa manera y la experiencia es otra.

¿Seguiran trabajando en conjunto? ¿Tienen nuevos proyectos?

Filmamos este año en Misiones una película donde Verena co-dirigió con la montajista de esta película, que ahora se está terminando. Sofía se va por un tiempo de Argentina para hacer una maestría en cine, pero seguro volveremos a encontrarnos para hacer nuevos proyectos en conjunto.