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Entrevista: Vladimir Durán "Trabajo con guion pero como si fuese una hipótesis".

Afincado en Argentina el realizador Colombiano Vladimir Durán estrena en la Sala Lugones “Adiós Entusiasmo”.

Tras pasar con la propuesta por la Berlinale, Cartagena y el 19 BAFICI Durán presenta el film del que quisimos conocer más por lo que mantuvimos un diálogo con él.

¿Cómo surge la idea de la película?

Surge por un taller literario que hice con Romina Paula y Cynthia Edul que compartía con el co guionista Sacha Amaral, tenía él uno armado con el dispositivo del encierro, y luego de unas charlas decidimos incorporarlo, esa idea de madres e hijas, cuerpo ausente y la adicción y abstinencia y luchar contra la falta de fuerza de voluntad dejándolo en un segundo plano, pensando las relaciones familiares, venimos los dos de mundos similares y queríamos explorar eso.

El cast es clave ¿cómo lo hiciste y en particular como apareció Camilo?

Llevo muchos años de formación actoral y en ese marco hice amistad con las tres actrices que hacen de hermanas, y desde que leí el guion de Sacha las imaginé, luego escribí pensando en ellas. Con respecto a Verónica Llinás también, pero lo hice sin certeza que estuviera, y aceptó antes de comenzar. Camilo es el hijo de un gran actor y amigo personal Juan Castiglione y se nos ocurrió que podía ser él, por cierta formación que tenía de teatro en el colegio. Me reuní varias veces con él aclarando obligaciones que iba a tener, el método, las ideas y viendo su actitud rápidamente me di cuenta que iba a ser una gran experiencia. El casting fue muy fluido y afortunado y de admiración con Camilo que es un ser sensible y maravilloso.

¿Cómo fue el acercamiento con los actores para que el vínculo se vea tan real en la pantalla?

El trabajo viene de un método que creo mucho que es el de Nora Moseinco. Llevo muchos años formándome con ella, es un lugar de investigación para mí y es un lugar que cree en lo lúdico, en la experiencia del actor, cree mucho en el texto y el estar con el cuerpo y desde ahí ir avanzando, crea un vínculo muy sensorial con el cuerpo y tuve la ventaja que las actrices conocían el método y pudieron vincularse desde allí con Camilo y en rodaje fue más investigar eso que tener que buscarlo.

¿Cuando apareció la idea de utilizar planos anamórficos?

En cuanto a los lentes quería filmar en un formato apaisado para tener más espacio en cuadro de pantalla, porque quería trabajar improvisación y tener a varios actores en plano, para no perderme los accidentes y además para contrarrestar el encierro. Esto tiene la consecuencia contradictoria que abre la pantalla pero tiene que reducirse en la pantalla de cine, la claustrofobia me gustaba y generaba un efecto voyeurista. Conseguí unos lentes japoneses que le bajan la definición y dureza a la imagen dándole un marco más atemporal a las imágenes.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?

La escena de la cena, donde había poco espacio y muchos actores, la cámara debía buscar, pero Julián Ledesma, fotografía, hizo un gran trabajo y reemplazo la mesa por unos rieles buscando así las imágenes teniendo a los actores cercanos y los lentes daban deformidad y distorsión, que podía ser un problema pero fue una ventaja expresionista.

¿Cuánto de guion y cuánto de improvisación tiene el film?

Es difícil definir qué es improvisado y qué es guion. Trabajo con guion pero como si fuese una hipótesis, un punto de partida, una pista de aterrizaje, pero considero el rodaje como un lugar de investigación en donde pongo en juego lo que quiero pero abierto a qué me voy a encontrar. Muchas escenas terminan siendo el guion como estaba escrito, pero otras inesperadas. No puedo definirlo por porcentajes.

Has pasado por varios festivales importantes del mundo, ahora que se estrena en Argentina ¿cuáles son tus expectativas?

Que encuentre su público, que la vea la mayor cantidad de gente posible dentro de una película de arte y ensayo. Me gustaría hablarle a su público específico, si son cinco mil espectadores genial y si son más también, ya que abra la programación de la Lugones es un placer, porque es un lugar mítico de cinefilia y los que vivimos en Buenos Aires tenemos una conexión con el lugar y lo extrañábamos.

¿Qué significa la familia para ti?

De Gaulle tenía una frase pragmática para hablar de los estados, los estados son monstruos fríos, para mí eso es la familia, hay amor, pero también es un espacio in vitro en el que aprendemos a relacionarnos con el mundo. Desde la más disfuncional o correcta hay una serie de no dichos que te van formando, y hay un intercambio emocional, tanto positivo como negativo, es el amor más puro, que se va contaminando. Me interesa mucho la familia y pueden ser los vínculos muy contradictorios y marcantes para toda la vida.

¿Cómo sigue el año de trabajo?

Me encuentro rodando mi segundo largometraje en Buenos Aires con título tentativo “Un cuadro japonés” y me dedicaré luego de rodarlo a editarlo. Ese es mi gran objetivo de este año.