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Entrevista: José Glusman "La película tiene su fuerza propia".

El realizador José Glusman (“Domingo de Ramos, “Leon”, “Solos”) es uno de los encargados de “abrir” la pantalla al cine argentino en 2018 con “Pescador”, película protagonizada por Darío Grandinetti.

El film, que cuenta la relación de Pastor (Grandinetti) entre un ermitaño pescador de la costa, con sus secretos, y un grupo de jóvenes que se aprestan a abrir un parador, pasó recientemente por el Festival de Cine de Huelva en donde Grandinetti recibió el premio de la ciudad.

En una tarde de fin de año, con mucho, mucho calor, nos reunimos con Glusman en su productora para conocer más detalles de la interesante propuesta.

¿Cuál es el germen de “Pescador”?

Es una idea, o el germen, surgió en 2006, con un amigo de aquellas épocas que no quiso seguir con el proyecto, se durmió ahí, en 2013 lo retomé, esa persona no quiso seguir y convoqué a Ivan Tokman para retomarla.

¿En esa primera apuesta estaban los temas de la película tal cual como están ahora?

No, era muy chico, había un robo, la playa, ese paisaje, esos conceptos, pero no la trama.

¿Y cómo aparecieron? El relato las va mostrando de a poco…

Fue un paso a paso, descubrir los vínculos para construir, sabes que es así al trabajar un guion, y acá dos cabezas, cuatro manos, la chica tenía un novio, pero quedó fuera, porque no hacia al meollo de la cuestión, nos propusimos ir con poco texto y cosas simples para reflexionar y rozar, sin ser pretencioso, grandes temas, valores, lo generacional, la corrupción, la justicia, y nada está en primerísimo primer plano, la idea era sutilmente bordear los temas que me circulan siempre en la cabeza.

¿Hubo algo complicado de rodar?

Nos sentíamos, a nuestra manera, un poquito “Fitzcarraldo”, fue muy cruel pero una aventura maravillosa.

¿En qué época se filmó?

Entre fines de octubre y fines de noviembre de 2016, y así como 2017 fue cálido y sin lluvias, el ese año nos “cagó” a palos. Fuimos con cinco días de cobertura y nos llovió once, nos morimos de frío, comimos tormentas, metidos al agua, porque el DF, camarógrafo y yo también, para comunicarnos con los actores, después, en mi caso, independiente, movilizar al equipo, pasar contratiempos fue increíble, porque fue una filmación muy complicada.

¿Darío Grandinetti siempre fue Pastor?

No pensábamos cuando escribíamos, pero ni bien terminé el guion se lo dí para el personaje y lo aceptó, es decir que tuvo más tiempo que la escritura la cara de él. El trabajo con Darío fue muy intenso, él es muy intenso, el personaje requería una introspección, de pocas palabras, con un protagonismo diferente, no típico, porque la película empieza y termina con el plano de otra persona, y así el personaje atraviesa la película y se transforma. El trabajo con él fue muy exigente, y la síntesis, después de un tiempo, de crear con sus aportes, cómo se lo imaginaba estéticamente, veía con maquillaje algunas cosas, un día me dijo, de mí no te preocupes, y pensé zafé, pero después pensé que era complicado, porque tenía que trabajar con el resto para que  estén a la altura de él, el resto es todo el equipo. Había cosas que venían del guion, trabajé con él hasta determinado momento, él fue dos semanas antes a Valeria del Mar para conocer el lugar y trabajar con un coach de pesca. Con los chicos trabajé lo vincular desde ejercicios, para que a la hora del rodaje supieran mejor o peor la letra, pero que importara la relación, se empezaban a vincular y eso creo que favoreció porque se gestó la relación, y todo fue creciendo a medida que crecía la película, y trabajamos algunas situaciones puntuales con los secundarios, porque en un momento comienza a relacionarse todo.

Hablando de secundarios, por ejemplo el personaje de Gigi Rua es casi tan o más importante que el resto… ¿cómo surge trabajar con ella y con figuras de la cultura popular?

Influye mucho mi formación actoral, trabajé con ella como actor y fue muy bueno, y la verdad hay veces que hay que construir en muy poco tiempo el vínculo con el actor, y conocerlos antes ayuda. Me ha pasado de filmar con Jazmín escenas de agua, mandarlas a Buenos Aires y que me digan que no sirvan porque estaban manchadas, eso sucede, y hay que hacer todo de nuevo, por eso con el actor hay que hacer un vínculo, y yo me aprovecho, por decirlo de alguna manera, mi experiencia previa como actor, porque confían en mí. Y con Gigi, su personaje era un abogado,  pero en un momento quisimos que la mujer represente algunas cosas que en boca de hombre no nos gustaba cómo quedaban. En mis películas previas siempre intento darle más lugar a la mujer. Queríamos que acá la mujer, con una mirada se imponga, por eso recurrí a su calidad actoral, a lo que conozco, los castings son míos, visualizo, trato de buscar, sumergirme en el mundo de actores y teatro.

Dentro de todos los roles que tenés y habiendo transitado también el cine documental ¿en dónde te sentís más cómodo?

A veces me da la sensación que con el cine me pasan cosas como cuando me fue pasando de  viajar en avión, al principio me gustaba todo, la comida, todo, y a medida que fueron pasando los viajes… al principio me apasionaba el rodaje puramente, hoy, se que es una situación inevitable para hacer una película, pero disfruto más la posproducción, es un momento íntimo y potente, es la verdadera escritura.

¿Vendrá de “León” y su resemantización?

Creo que la posproducción final tiene que ver mucho con la escritura, en el medio transito lo inevitable, filmar es apasionante y adrenalínico que no podés abandonar, pero no deja de padecerse. El documental me gusta. Me gusta narrar, llegué al cine narrando en teatro, publicidad, entendiendo formatos de narración en los que me sigo formando, habrá en la próxima otro paso más, pero en el documental entendí la escritura final y la resignificación de lo que uno puede hacer, porque no lo sabés hasta el final, en la ficción el guion es el soporte para afirmarse rigurosamente para poder filmar esa historia, más allá que en la mesa de montaje se trabaje otra cosa. Gustar me gustan las dos, el teatro también, hacer cine consume tanto, pero pude hacer una obra que se llama “Coach” que me la pidieron de España, por eso dentro del rodaje mismo me gusta la puesta, el movimiento de los actores, privilegio eso a la luz o la gota de agua perfecta, o poder hacerlo tantas veces para que eso pase.

Este es un momento crítico de la industria y “Pescador” viene a abrir el calendario del cine nacional ¿qué te gustaría que pase?

Si pasa lo mismo que pasó en Huelva soy feliz, soy la cabeza pero hay mucha gente involucrada y somos conscientes de las limitaciones con las que salimos pero la película tiene su fuerza propia, estamos haciendo una campaña publicitaria con apoyo de Atacama en vía pública, esperamos lo mejor, hoy ya no sabes cuánto podés esperar. Teníamos previsto salir en 20 salas y quieren que salga en 50, pero hasta el lunes anterior al estreno no sabes nada, espero que toda la gente de 16 a 99 años sin excluir a los de 100 vayan, la película se desvirgó en Huelva, y tuve cinco compradores interesados.

¿Cómo sigue el año?

Estamos escribiendo con Cristian Bernard un guion, tenemos que hacerlo antes del 10 de marzo porque él se va a filmar con Natalia Oreiro, está la adaptación en España de coach, y ya con eso estamos bien.