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"Lymelife" (Aprender a vivir): Familias disfuncionales viviendo el "sueño americano"

"Lymelife" hace referencia al nombre de una enfermedad. Es transmitida por las garrapatas y su característica saliente, es que se presenta generando diferentes síndromes que hacen que su marca no se pueda determinar con exactitud. Digamos que el virus actúa como un camaleón, va mutando en distintas áreas (por ejemplo genera cansancio, daño neurológico y cardíaco) y a veces es difícil encontrar alguien que lo diagnostique acertadamente. Si bien con antibióticos puede ser tratada con éxito, lo cierto es que la idea de Derek Martini (director y guionista junto a su hermano Steven) apuntaba a comparar los síntomas difusos que las familias y sujetos de cierta comunidad manifiestan y que hacen difícil operar sobre ellos al estar tan disfrazado. Digamos que la disfuncionalidad de ciertas conductas están ocultas por un manto que las asemeja a devenires habituales, pero si no se instala el ojo crítico sobre ellas, pasan desapercibidas hasta que es demasiado tarde.

Lo mismo sucede con "Lymelife". Es una gran película. Pero tiende a no ser valorada en su justa medida, por el tono y la temática que presenta. Con un presupuesto pequeño pero apadrinado por Martin Scorcese, Martini debutaba en las grandes ligas en aquel lejano 2008 (el film fue estrenado en agosto de ese año en Canadá) con un drama familiar muy interesante. Si bien no está a la altura de "American Beauty" de Sam Mendes, film ideal para comparar por su tópico, lo cierto es que para haber sido un inicio de carrera, fue auspicioso. El tema de ámbas es cómo sobrevivir al "sueño americano", cuando éste, en la práctica y por el contexto histórico, demuestra ser sólo un paradigma inexacto que nunca termina de ser abordado desde suficientes aristas hasta desarmarlo por completo, hincando el diente en su jugosa veta.

 

"Hermanitos del fin del mundo": el fin, justifica los medios?

Ha sido muy difícil escribir esta crítica para mí. Diego Topa forma parte de muchos recuerdos familiares comunes con mi hija de cinco, hemos pasado horas viéndolo en "La casa de Disney Junior" por cable y también hemos ido a varios de sus shows. En general, me parece que Topa logra combinar sutilmente un repertorio clásico y moderno en sus presentaciones (hace canciones de Gaby, Fofó y Miliki hasta las del Sapo Pepe, mezclando ritmos y haciendo versiones megamix) y ofrece un espectáculo colorido para todas las edades. Se lo ve un artista comprometido con los chicos y por eso siempre lo acompañamos en sus proyectos hasta hoy, el día de su debut cinematográfico. Su coequiper en la televisión es Muni (Mariana Seligmann) con quien tienen buena química y hacen micros muy coloridos que se repiten hasta el cansancio en distintos horarios en la programación.

Disney apoyó la distribución del film así que ese elemento me hizo pensar que habían supervisado y controlado el material que estaban apoyando... Pero no. Me parece que confiaron demasiado en el carisma del dúo y dejaron que el casi debutante Julio Midú transformara una idea simple y chiquita (eso era originalmente) mágicamente y sin colaboración literaria en una producción destinada a pelear la exigente taquilla infantil de vacaciones de invierno.

Como no estaba convencido de poder sostenerla solo, fui a ver "Hermanitos..." con Luz, de manera también de agregarle a mi visión adulta del film, una percepción del impacto que podía tener en los más chicos. Creo que el resultado de verla en esas condiciones me hizo entender que a pesar de sus pobres valores y defectos, solo logrará entretener a los más pequeños de la casa. Y cuando digo pequeños, me refiero a que solamente chicos de entre 3 y 5 años pueden salir satisfechos. Al resto, les parecerá una propuesta mediocre y aburrida, mal filmada y que no vale el precio de la entrada. Ni siquiera con el 2x1 que ofrecen muchos cines.

"Hermanitos..." te retrotrae al cine musical y de vacaciones de la época de los 80, tales como aquellos bizarros clásicos de Los Parchís o "Las aventuras de Tremendo", con un claro objetivo de traer al espectador a figuras de la música o de la televisión en guiones básicos y con poca producción. En aquellos tiempos se creía que bastaba esbozar una trama en dos trazos para atraer ese mismo caudal de público. Funcionaba. Es cierto. Ahora, en este nuevo siglo, tengo mis dudas. Me cuesta creer que los chicos mediatizados de este tiempo puedan sentirse cautivados por esta historia.

"Harry Potter and the Deathly Hallows 2": La despedida de una GRAN franquicia

Parece mentira como ha pasado el tiempo. Desde aquel inicio lejano con "Harry Potter and the Philosophal Stone", en 2001, dirigido por Chris Colombus hasta aquí ha transcurrido mucho tiempo.... Una saga inspirada en la obra literaria para jóvenes más importante de los últimos tiempos adaptada al cine, siete libros que transformaron a una escritora aficionada en la supermillonaria que hoy es J.K.Rowling. Millones de dólares por merchandising y venta de libros y tickets. Ríos de tinta sobre las implicancias emotivas de la franquicia que aún se debaten en su octava entrega. Un universo propio a su medida que llega a su fin.

Los primeros libros de Harry Potter eran simples, originales...pero no mucho más. Fueron best sellers y la autora fue haciendo un espiral de ascenso muy pronunciado en su manera de narrar que hizo que los últimos ejemplares de su trabajo haya que ir a buscarlos en carretilla a la librería. Eran casi, la Enciclopedia Británica por su peso. Bueno, eso mismo siento que sucedió con las versiones cinematográficas de su trabajo. La octología empezó con un director famoso por sus credenciales en el mundo infantil y de aventuras y de a poco fue probando cineastas hasta dar con quien tendría encargado el cierre de la historia: el británico David Yates. Desde 2007 viene dirigiendo el universo Potter y de él podemos decir que tiene lo mejor de la escuela inglesa, es metódico, sutilmente irónico y con un gran sentido estético para encuadrar la imagen. Sabe conducir actores jóvenes y lidiar con los veteranos consagrados y eso, a esta altura, no tiene precio. No se puede pagar con Mastercard.

Es difícil escribir sobre gente de la que se ha dicho mucho. Creo que lo más noble que tiene Harry Potter es que, si bien es fiel representante del cine pochoclero y siempre se estrena con un apoyo publicitario que asusta, sus tres últimas cintas son buenas películas de aventuras y aunque no hayas sido seguidor de la obra literaria, son grandes exponentes de ese género. Sin dudas.

Lo cierto es que cuando uno repasa el cast que transita por estos últimos capitulos, es imposible no entender el porqué de la calidad de estos productos. Ralph Fiennes, Alan Rickman, Michael Gambon, John Hurt y Elena Bonham Carter... Son la selección inglesa. Les falta David Beckham nada más. Estos actores le dan un relieve a la cinta que claramente la hace destacar desde el aspecto compositivo y propician una atmósfera ideal para el lucimiento de los jóvenes-estrella que se volvieron famosos gracias a la franquicia: Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint.

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