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"Pirates of the Caribbean: on stranger tides": los piratas siguen saqueando la taquilla, cada vez con menos ideas

La gente está ávida de aventuras. El cine es un lugar ideal para disfrutar esas historias que a todos sus gustaría vivir por lo fantástico del género en sí, y los grandes estudios lo saben. Una vez que los productores encuentran un éxito, deciden prolongar la historia y seguir en esa dirección hasta ir agotando lo bueno que cada saga tiene. Se necesitan excelentes guionistas para llegar a una cuarta parte y hacerla bien. No todo es juntar el mismo elenco, potenciar los efectos especiales y sentarse a esperar que funcione "per se". No debería ser así. Digamos que un trabajo responsable es dedicar mucho presupuesto a generar buenas historias para que los sucesivos films tengan un atractivo argumental, y eso, no es algo que se pueda dejar atrás. El ejemplo es "Shrek", película que nos deslumbró en su momento y no pudo sostener su intensidad y humor en sus entregas posteriores. Hoy nos llega "Pirates of the Caribbean: on stranger tides" y sentimos que las ideas pueden haberse acabado, pero los piratas siguen saqueando la taquilla.

Ya decididos a sostener a cualquier precio la franquicia (Disney ya anunció quinta y sexta parte, compartiendo unidad argumental), sólo nos resta describirles como viene la marea para ver si estos piratas pudieron mantenerse a flote en esta cuarta parte.

Ultima actualización (Viernes 20 de Mayo de 2011 16:01)

 

"Potiche" (Mujeres al poder): florero francés en clave despareja

Francois Ozon es un cineasta francés bastante resistido por la crítica. Es decir, todos le reconocemos mucha capacidad para cierto tipo de cine (la comedia liviana con toques sociales o thrillers donde las mujeres están en el centro de la escena), pero lo cierto es que algunos trabajos (en especial "Ricky", que a mi me gustó pero a la gran comunidad cinéfila no) terminan siendo anodinos o sin la fuerza necesaria para generar conmoción en el espectador. Lo cierto es que su gusto va desde el drama más fuerte, "Tiempo de vivir" por ejemplo, hasta los films de intriga corales como  "Ocho mujeres". Y en todos sus resultados son variables. Lo cierto es que en su país es muy querido por los artistas pero la relación con la prensa no es de la mejor. Ahora nos llega a las salas "Potiche", que en francés significa "jarrón", del tipo de decoración, término habitual en el país galo para definir a ciertas mujeres que cumplen una función fija en su hogar, sin ningún relieve y que están, pero que no sirven para nada (o si, son "mujeres objeto"). Ya el nombre anticipa lo que vendrá: una película levemente divertida que vira hacia la reflexión social y el problema de la lucha de géneros, desde una óptica serena y amena, que se deja ver sin mayores pretenciones.

"Mujeres al poder" es la historia de Suzanne (Catherine Deneueve, bella y magnética aún a su edad). Corren los últimos años de la década del 70 y está casada con Robert Pujol (Fabrice Luccini), cabeza de una fábrica de paraguas, empresa familiar que lleva adelante y que fue creada por el parde de su esposa. Ella pasa una vida tranquila y apacible. Es el "florero" de una elegante casa y está prácticamente sola todo el tiempo, sus hijos están grandes, hacen su vida y su marido dirige la empresa. Siempre está afuera y como ya suponemos, la engaña con su secretaria y no la tiene en cuenta para ninguna decisión importante. Pero a pesar de poder llevar la fábrica donde quiere, Robert tiene problemas con los líderes sindicales que quieren mejoras sociales en su lugar de trabajo. El, déspota y tirano, se niega a toda negociación hasta que los obreros terminan secuestrándolo. Luego de un incidente grave como este, su salud se deteriora y el médico le recomienda dejar el trabajo. Es entonces cuando Suzanne, por descarte (los hijos se niegan a aceptar), toma la dirección de la empresa. Un ex amante suyo, (de una breve historia hace mucho tiempo), Maurice Babin (Gerard Depardieu, cada día más voluminoso, tanto que temo por su salud) es diputado por la izquierda y se ofrece de nexo entre ella y los delegados sindicales. Juntos, verán de sacar a la empresa adelante y encauzar la situación en un marco distinto (la lucha de mercados naciente para su producto) al de su creación.

Ultima actualización (Lunes 20 de Mayo de 2013 14:30)

 

Que la cosa funcione ("Whatever works"): Larry David juega a ser Allen por un rato

Hace unos doce años, cuando era cinéfilo ocasional y no tenía la tarea de ver tanto cine casi diariamente, recuerdo esperar los estrenos de Woody Allen como si fueran días de fiesta. Era así, si bien yo no soy de la generación setentosa que lo siguió y consagró con "Bananas", "Annie Hall", "Manhattan" y "Love & death" (aclaro que las vi todas, pero en video); si soy de los noventosos que amamos "Husbands and wives", "Mighty Aphrodite" y "Deconstructing Harry". Mis recuerdos con su trabajo siempre están rodeados de amigos, debates y tertulias donde nos reíamos mucho de cómo este director presentaba muchas de nuestras inquietudes y contradicciones en la vida desde un costado humorístico e ingenioso. Sus relatos parecían girar sobre lo mismo (el hombre intelectual conflictuado -muchas veces, judío- que vive quejándose del mundo que le toca vivir y las personas que lo rodean), situaciones que tenían, de extraña manera, conexión con la vida real (todos somos un poco neuróticos no?) y sobre todo, mucho psicoanalisis. Sabemos que Allen disfruta mucho estar inmerso en desarmar y bucear en los conflictos interpersonales de sus sujetos y mirarlos con fina ironía y cruda perspectiva. Es un cine particular, donde si no aceptás los estereotipos que el director te presenta, no vas a pasar un buen momento. Por el contrario, si sintonizás a este neurótico obsesivo y querés reirte a su lado de sus miedos y visiones... Siempre Allen va a tener algo que ofrecerte. Es un tipo realmente talentoso para lo que hace, aunque su audiencia siempre fue reducida. En los lejanos setenta tuvo títulos taquilleros pero luego, sus propuestas en los 80 pasaron a integrar la lista de "prestigio" de los cines, pequeña en distribución y mucho más aún en presupuesto. Pero claro, Woody tiene tanto carisma que todos quieren filmar con él, y todos (y cuando digo todos, digo todos eh!) los actores de porte de este tiempo, han sido dirigidos por él.

El problema es que, excepto "Match point", sus últimos trabajos se repiten demasiado, ofrecen relatos fríos y extremadamente cerebrales y no son films que a uno lo dejan satisfecho. Mucho más a quienes conocemos el potencial de semejante director. Lo cierto es que en un momento a Woody Allen se le fueron cerrando las puertas para filmar en su país y Europa lo sedujo con dinero fresco para producir en otras tierras. Así es que hubo una serie de películas de este neoyorkino en el Viejo Continente, desparejas (aunque "Vicky Cristina Barcelona" fue muy premiada - en mi opinión, sobrevalorada) y la que lo encuentra de vuelta por un rato en su terruño es "Whatever works". Cinta que data del 2009 (extrañamente estrenada aquí después de "You will meet a tall dark stranger", que es del año pasado) y que nos llega justo cuando Allen presenta nuevo trabajo en Cannes (y la crítica allí lo está aclamando en este mismo momento)...

 
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