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"Así habló el cambista": el precio de la ambición

El cine de Federcio Veiroj ha logrado instalarse con continuidad dentro de la cinematografía uruguaya, una industria que cuenta con muy pocas producciones anualmente.

Desde su ópera prima “Acné” (2008), que participó en el Festival de Cannes, Veiroj ha logrado mantener una trayectoria con su cine, que ha sabido conquistar a un cierto sector del público y que también ha tenido una amplia recepción en el circuito de festivales internacionales.

Así, entonces, “La vida útil” fue premiada en diversos festivales incluyendo el de La Habana, “El Apóstata” fue premiada en el Festival de San Sebastián en 2015 y su último trabajo “Belmonte” ganó el premio al mejor guion en el Festival Internacional de Mar del Plata.

Su nuevo trabajo, “ASI HABLÓ EL CAMBISTA” no solamente implica una sustancial diferencia en la narrativa de su cine –con una historia, que si bien está centrada en un protagonista masculino, da lugar a la interacción con una mayor cantidad de personajes que tienen peso específico en la trama-, sino que además implica una fuerte apuesta en un nivel de producción completamente diferente a su filmografía anterior.

Otra gran diferencia es que para este trabajo ha adaptado la novela homónima de Juan Enrique Gruber, la oscura historia de un financista que se mueve en el mercado financiero de la Montevideo de fines de principios de los ’70 en plenos movimientos políticos de una Latinoamérica bajo la sombra de las dictaduras.

Si bien el personaje central de la película (Humberto Brause), empatiza perfectamente con los personajes grises que protagonizan las películas anteriores de Veiroj, en este último trabajo hay una sustancial diferencia en cuanto a la producción con la que cuenta el filme, pasando del cine independiente a presentar un elenco y un presupuesto que se acerca más a un cine industrial: esto será lo que marque, para bien y para mal, la diferencia con el resto de su filmografía.

En este caso, Brause –papel a cargo de Daniel Hendler- es alguien que se ha iniciado en el mercado de la especulación financiera a la sombra de un asesor de gran influencia, que intentará tejer su propio camino, de forma tal de independizarse y empezar a construir su propio negocio.

Así vemos como Brause, en apariencia un hombre gris y sencillo, no dudará en arbitrar todos los medios necesarios para que cada uno de los peldaños para llegar a su objetivo final, se vayan cumpliendo, sorteando todo tipo de obstáculos y enarbolando su lema que pareciera ser: “el fin justifica los medios”.

“ASI HABLÓ EL CAMBISTA” se construye con algunos de los principales elementos de un film noir, intentando mezclar en su trama, elementos vinculados con la política, la realidad social de la época, sin abandonar la impronta rioplatense y ajustándose al tono de thriller con el que presenta al personaje central.

Veiroj en este caso, sigue demasiado al pie de la letra el típico descenso a los infiernos como si estuviese cumpliendo con un manual de procedimientos ya conocido, tanto para la presentación, los giros de la trama y el desenlace. Un hombre que en un principio se muestra gris, indiferente, débil va develándose en el proceso de su arco dramático, como mezquino, amoral, ambicioso, oportunista y con una exclusiva fidelidad a sí mismo, capaz de traicionar a cualquiera de los personajes de su entorno.

Los principales logros de “ASI HABLÓ EL CAMBISTA” se ven en el diseño de arte, absolutamente detallista y preciso en la reconstrucción de una época, en donde se vislumbra que el hecho de haber contado con un mayor presupuesto, ha permitido un lucimiento en los rubros técnicos y una perfecta recreación de la Montevideo de aquel momento.

Pero Veiroj no logra apoderarse de la historia de la manera en que su cine suele apoderarse de sus personajes. En el elenco, Dolores Fonzi como su esposa Gudrum –discreta, manipuladora, sagaz- y su suegro Luis Machí, logran destacarse componiendo a dos personalidades fuertes que acompañan, directa o indirectamente, a Brause en su camino personal.

Sin embargo, Daniel Hendler no parece encontrar el tono exacto de su antihéroe y si bien lleva en sus hombros el peso de la trama y de la película en sí misma, no logra ser una figura magnética y con un alma corrupta tal como plantea la historia. Además, la forma en que el guion elige presentar a su personaje, hace que una reiterativa voz en off, no logre aportar mayores elementos a la trama de lo que ya se está mostrando en pantalla.

El recurso entonces no permite dar otros elementos para la construcción de su personaje, sino que subraya y refuerza el tono eminentemente literario del relato, restándole peso cinematográfico.

A pesar de algunos cambios físicos que se aporta desde el maquillaje, Hendler no parece sentirse a gusto y totalmente cómodo con la criatura que debe componer y eso parece trasuntar la pantalla y transmitirse al espectador que percibe esa confusión de la frialdad de sus movimientos, con la frialdad de su alma.

Con una gran reconstrucción de época y una fotografía impecable, la historia no termina de convencer y “ASI HABLÓ EL CAMBISTA” resulta ser la película más sosa de Veiroj, como una zigzagueante incertidumbre dentro de su filmografía.

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