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"Los payasos": Memorias de un exitoso fracaso

¿Cómo es ser un realizador de cine independiente? ¿Cómo surge una idea? ¿Cómo acceder a ciertos circuitos en donde el material pueda ser visto y comience a circular y darse a conocer?

Haciendo pie en el recurso del cine dentro del cine, “LOS PAYASOS” cuenta la historia de los propios directores, Lucas Bucci y Tomás Sposato, a partir de la filmación de su corto que, ahora convertido en largometraje, da título a esta producción de Cosmos Films, de Néstor Frenkel y Sofía Mora. Bucci y Sposato han filmado su corto y como buenos cineastas, envían su trabajo a cuánto festival fuese posible aplicar.

El resultado fue unánime: rechazado en absolutamente todos los festivales, sin distinción alguna. Un rotundo “no” que se traza desde Cannes hasta BAFICI, pasando por cualquier festival intermedio en la amplia gama dentro del circuito nacional e internacional. Pero cuando todo parecía perdido, aparece un festival de cortometrajes en Florianópolis, Brasil, que finalmente acepta a “Los Payasos”.

Es entonces justamente en ese punto, donde dará comienzo este largometraje: los directores se proponen filmar desde el momento cero, a partir del viaje hacia el festival, cámara en mano, lanzados a la aventura de rodar todo lo que sucediese en el periplo y documentando toda la experiencia. Lo rico de la anécdota es que durante el viaje, nada es lo que se suponía que sería.

Lo que en principio es una buena noticia porque finalmente el corto había quedado seleccionado para participar de un festival “internacional”, termina siendo una situación de ruptura entre los realizadores y el protagonista, de lidiar con la frustración, la decepción y el fracaso.

Ya sólo cuando ven que el festival se desarrolla en el altillo de un bar sin las condiciones propicias para un verdadero evento que se precie de tal, aparece una innegable sensación de incomodidad y de desasosiego que empieza a invadir al trío y que hace que rápidamente, el delicado equilibrio comience a resquebrajarse.

Bucci y Sposato juegan permanentemente a romper los límites entre el registro documental y la ficción con lo cual, como espectadores, nunca sabemos a ciencia cierta, cuánto hay de real y cuando hay guionado en todo lo que está pasando frente a la cámara.

La pregunta que se hace el cine en la actualidad, cada vez que se comienzan a borrar esos límites es… ¿de verdad importa? ¿como espectadores, cuánto nos modifica saber si los hechos son 100% ciertos o si en algún punto, aún en el documental más preciso la edición y el guion, se sesga siempre, de cierto modo, la realidad al ojo del que filma?

Esa mezcla en donde todo se confunde, enriquece la propuesta: los directores y el actor (el popular instagrammer Jerónimo Freixas) borran, a conciencia o sin saberlo, la delgada línea entre ficción y documental, y generan en el espectador el principal punto de intriga e interés, prestándonos al juego de creer todo como cierto o aceptar una ficción como real (juego que por otra parte en este tipo de obras se hace más explícito pero que se genera en todo hecho artístico).

Lo que se destaca, es un manejo del humor preciso, haciendo pie en el sarcasmo y la ironía, un humor muy propio del cine de Frenkel, que en este caso es productor de la película y que sin duda ya es marca registrada del equipo.

Este humor que atraviesa toda la historia, permite desdramatizar algunos temas que se abordan desde la parodia y el absurdo, como las dificultades que se atraviesan en un proceso creativo, el ego propio de los actores y el hecho de lidiar con el fracaso, la relatividad que tiene todo en un mundo de mediatización y redes sociales donde quizás cualquier hecho menor tiene más impacto que una producción que ha llevado tiempo, dedicación y esfuerzo.

Bucci y Sposato sacan jugo a un material que tiene sus puntos de interés pero que de la forma en que ha sido editado, gana en una lectura más profunda con esta intencionalidad de construir a partir de lo genuino y de exponerse en carne propia a partir de esas situaciones vividas y su propia realidad, dentro y fuera del mundo del cine.

“LOS PAYASOS” funciona, a pesar de cierta narración errática y despareja, sobre todo para quienes encuentren en este universo de las dificultades frente a un proceso creativo (e inclusive aquellas que aparecen posteriores a producido el material) un espacio donde verse reflejados con estos códigos propios que manejan los directores.

Quienes puedan empatizar fácilmente con la historia y reciban más abiertamente esta propuesta, disfrutarán mucho más de este trabajo que tiene una mezcla entre ejercicio, documental, diario de rodaje, ficción y realidad.

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