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"El día que me muera": el gran velorio

Evidentemente a Néstor Sánchez Sotelo le gusta trabajar dentro de un registro disparatado y delirante, algo excedido, para llevar a cabo un relato de comedia. Así lo había probado con “Caída del Cielo” con Muriel Santa Ana y Peto Manahem en donde se mezclaba cierto toque de desenfreno dentro de la estructura de una comedia romántica.

En este nuevo film, Sánchez Sotelo apuesta más aún a una comedia fuertemente anclada en el grotesco, con toques de humor que coquetean en todo momento con el registro de lo absurdo. “EL DIA QUE ME MUERA” nos presenta a Betiana Blum como Dina Foguelman, una típica idishe mame cuyos tres hijos, por diversos motivos, se han radicado en el exterior.

Debido a que ella sufre de aerofobia – miedo a volar – no existe la menor posibilidad de que ella pueda ir a visitarlos sino que deberá espera a que ellos tengan el tiempo de viajar y puedan venir a verla a Buenos Aires.

Esa espera se sigue prolongando dado que cada uno de ellos está sumamente ocupado con su vida en diferentes puntos del continente (e inclusive en otros continentes) y Dina ya está completamente alterada con ese tema yo sabe cómo hacer para poder verlos. Obviamente, no se dará por vencida y comenzará a planear hasta lo imposible para poder reunirse con ellos.

Es por eso, que con la ayuda de sus dos inseparables amigas pergeñará un plan para llamar finalmente la atención de sus hijos y que no les quede otra alternativa que viajar y venir a visitarla (casi) obligadamente.

A Dina no se le ha ocurrido mejor idea que la de que les comuniquen a sus hijos que ella ha muerto, para que asistan a su propio velorio de forma tal que ella, desde afuera de la situación, pueda verlos.

La trama intenta mostrar cómo cada uno de sus hijos, a su manera, disfruta de la vida pero le escapa inexorablemente a la posibilidad de volver a caer en sus manejos posesivos y absorbentes, en ese control excesivo que Dina quiere tener sobre cada una de sus acciones, siendo el arquetipo de esas madres que hacen lo imposible para manipular a sus hijos en el peor sentido de la palabra.

Ellos (a cargo de Alan Sabbagh, Soledad García y Lucas Ferraro) huyen no sólo de la posibilidad de verla sino también a enfrentarse con el secreto que cada uno de ellos le está ocultando ex profeso, para no tener que soportar su mirada crítica y expulsiva y sus opiniones descalificadoras, mentiras que saldrán a la luz en el supuesto caso de que se hubiesen encontrado.

La propuesta está completamente virada al grotesco, un tono que por ejemplo en “Esperando la carroza” nos hace sentir completamente identificados porque es un buen espejo de nuestra idiosincrasia. Pero lamentablemente, el peligro de manejar este tipo de propuestas, es justamente caer en los problemas que se presentan en el filme de Sánchez Sotelo.

El guion de Verónica Eibuszyc y Gabriel Patolsky presenta situaciones demasiado endebles y los diálogos obviamente no tienen la chispa ni la sagacidad de la pluma de Jacobo Langsner en el clásico de Doria. Algunas situaciones más que delirantes o desbordadas, parecen no querer cumplir con ningún tipo de verosímil y el otro problema con que se enfrenta “EL DIA QUE ME MUERA” es la poca marcación que tienen los actores dentro de la propuesta, por parte del director.

No solamente encontramos que mientras unos parecen estar más de acuerdo con un tono naturalista, otros están pasados de ritmo en la comedia y otros rayan bruscamente en la sobreactuación. Los diálogos pasan a estar gritados, exasperados y con el elenco que ha convocado Sotelo es verdaderamente una pena que no haya podido generar un equipo compacto y homogéneo que conformase un éxito asegurado.

Si bien a Betiana Blum suele costarle salir de ese tono televisivo y sobreactuado que ya casi la caracteriza y es su marca personal, en “EL DIA QUE ME MUERA” tiene unos de los papeles más sobreactuados de su carrera.

Obviamente eso no quita que ella dote a Dina de su picardía, su simpatía y su carisma natural, sólo que en este caso, se la percibe demasiado desbordada y completamente sobreactuada desde la primera escena.

Sus amigas, a cargo de las excelentes Alejandra Flechner y María José Gabin logran conducir a sus personajes de una forma más medida y con la gracia natural de ambas. Flechner, como haciendo una especie de caricatura de su propio personaje, tiene situaciones muy divertidas y dispara sus líneas de diálogo con un timing y una ironía que hace que tenga los mejores pasajes del film.

El elenco se completa con muy buenos secundarios de Roberto Carnaghi, un eficiente Alan Sabbagh como el hijo protegido y “preferido”, Gispy Bonafina y una muy buena composición de Lucas Ferraro . Pero quien se destaca muy por lejos de todo el elenco secundario, es la participación de una Mirta Busnelli, increíblemente sobria para esta comedia tan desequilibrada y pasada de vuelta, que brinda una lección de cómo hacer comedia y destacarse con un secundario sencillo y muy pequeño.

Las diversas situaciones que plantea el guion tienen un formato de sketches televisivos (Hernán Chiossa al borde de lo que se puede tolerar) y eso hace además que le cueste encontrar un vuelo propio a la historia y de esta manera la efectividad que pueda tener el filme depende casi exclusivamente de su elenco.

Una comedia, que en cierto modo intenta reflexionar sobre los lazos de familia, sobre las separaciones, los nuevos modelos familiares y las elecciones que cada uno de los miembros hace para su propia vida, en donde Dina, prácticamente ya no encaja con los planes.

Indudablemente con este elenco, con ciertos ajustes en el guion pero por sobre todo con un firme trabajo de dirección que definiese claramente el arquetipo de cada personaje “EL DIA QUE ME MUERA” podría haber sido una comedia inolvidable, pero ciertas desprolijidades la dejan muy a mitad de camino.

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