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"Ricordi?": polos opuestos

Una historia de amor como cualquier otra pero contada de una manera original, fragmentada y con dos perspectivas distintas. Eso es lo que propone Valerio Mieli en su segunda película como guionista y director. Dos personajes, un hombre y una mujer, que se conocen y se enamoran. Pero ambos son muy diferentes: ella es optimista y encuentra felicidad en cada momento, él es pesimista y ve todo oscuro.

Así logran complementarse y armar una historia de amor que construyen a través de los recuerdos, los recuerdos que cada uno tiene. Recuerdos que pueden ser diferentes y que están impregnados del tiempo que pasó, de lo que uno vivió después y del estado emocional en que uno se encuentra en el momento de recordar.

Entonces no hay una sola verdad (ni una sola historia). El film está narrado por muchas escenas que parecen casi videocliperas, con escenas fragmentadas y tiempos que se intercalan. La música está además muy presente en todo momento para acentuar esos tonos que van de lo enigmático a lo más romántico.

Los podremos ver ilusionados, enamorados, tristes, peleados, reconciliados, separados. Todo lo que puede pasar entre dos personas que apuestan a una relación que, como todas, nunca sabemos si puede funcionar o cómo lograrlo. En el medio se reflexiona mucho sobre la importancia y corporeidad del recuerdo.

Con momentos hermosos como aquel en el que el protagonista huele perfumes y cada uno lo va transportando a una situación o personaje distinto. O el momento en que también él regresa a un lugar donde de adolescente vivió algo con una joven con la que al reencontrarse se enfrenta a que los recuerdos de ella sobre esa época juntos son muy distintos, mucho menos relevantes.

Los protagonistas Luca Marinelli y Linda Caridi logran cada uno interpretar con mucha solidez a sus personajes. Mieli narra su historia con un tono siempre melancólico, con pocos momentos de humor o frescura. Casi como si uno pudiera anticiparse al final.

Sin embargo, la resolución desentona con todo lo propuesto anteriormente. Otro problema del film es que en sus menos de dos horas de duración no tarda en tornarse repetitivo. Esas idas y vueltas y juegos con el tiempo y la memoria que en un principio resultan atractivos pueden rozar el tedio en esta especie de collage hecho de recuerdos. 

Historias de amor hay muchas y sin embargo todas se les parecen. Valerio Mieli entendió que lo que importaba no era qué iba a contar, sino el cómo. Y “Ricordi?” podrá rememorar a otras películas que también han tratado de contar una historia de amor de un modo más realista y menos idealista y al mismo tiempo consigue un estilo propio.

Porque al fin y al cabo la historia de amor es la excusa que utiliza para desmenuzar la idea de recuerdo, de cómo cada uno construye su memoria y, a la larga, su propia historia.

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