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"Suspiria": madre rebelde

Nueva versión del clásico de Dario Argento, "Suspiria", de Luca Guadagnino, se aparta lo suficiente para entregar un espectáculo tan único como impresionante. Remake, esa palabra maldita del mundo del cine, que nos hace temblar cada vez que es anunciada.

No nos importa tanto si el remake es sobre alguna película menor, insignificante, o que significó algo en su momento, pero ya perdió su puesto (aun así es difícil encontrar un ejemplo). Pero no se metan con los clásicos. Ya lo dijo Sidney Prescott en Scream 4 “No jodan con el original”.

Desde que se anunciaron los planes de realizar una nueva versión de "Suspiria", las voces críticas empezaron a gritar cada vez más fuerte. El clásico de Dario Argento, mezcla del típico giallo con terror impresionista y toques de slasher, es intocable, y de sólo pensar en una nueva película, se nos revolvían las tripas. Bueno, déjenme tranquilizarlos.

Sí, la obra cumbre de Dario Argento es intocable, su "Suspiria" es imposible de ser adaptada… por eso, esta nueva "Suspiria" no es aquella, es algo (casi) completamente nuevo, y estamos frente a otra propuesta para el asombro. Algunas cosas van a encontrar, la premisa es muy similar, y hay nombres que se repiten.

Pero los personajes son otros, y la historia en sí, más allá de su punto de partida, es bien diferente. Podría decirse que Luca Guadagnino y David Kajganich (el guionista) odian tanto a la "Suspiria" de 1977 que fueron por un camino completamente diferente, y hasta en algún sentido, opuesto.

También podríamos decir que la respetan tanto que prefieren ir por otro camino para ni animarse a tocarla. Ahí están Susie Bannion (la original era Suzy, pero es lo mismo), Madame Blanc, Olga, Sara, Miss Tanner, Patricia, y el mito de Helena Markos.

Pero cada una es diferente de aquella que conocimos. Susie Bannion (Dakota Johnson) aborda la estación Suspiria en Berlín para llegar a la aclamada academia de danza. Hace unos días, Patricia (Chloë Grace Moretz) desapareció del instituto, dicen que lo abandonó. Aunque los espectadores ya sabemos que no es así.

Aquí el primer y fundamental cambio, desde la primera escena ya sabemos qué es lo que se oculta en el instituto, un aquelarre de brujas, y cuál fue el destino de Patricia, que llegó hasta el consultorio del Dr. Josef Klemperer, su psicólogo para seguir hablando de este descubrimiento.

Susie es una joven ambiciosa, proviene de una comunidad estadounidense cerrada, Amish, y llega al instituto como una llamada del destino a liberarse. Es 1977, en Alemania. El país, y Berlín se encuentra divida por un gran muro, no hay mucha felicidad en las calles, la pasión sanguínea (por la danza) parece ocurrir puertas adentro.

Nueva diferencia, en esta ocasión, el contexto histórico es fundamental. "Suspiria" nos irá contando el ascenso de Susie dentro de la compañía de danza, en la que rápidamente obtiene un protagónico, y la profesora Madame Blanc (Tilda Swinton) posa su mirada sobre ella. Mientras tanto, su compañera Sara (Mia Goth) sospecha cada vez más que algo funesto ocurre ahí. Puertas adentro también hay división.

Esta versión más que beber de la película de 1977, parece tomar de la trilogía completa de las madres ("Suspiria", "Inferno", "Madre de las lágrimas" – de hecho, la más similar a esta –), y plantea bandos diferentes dentro de ese aquelarre entre brujas que responden a una y otra madre. Todas se disputarán a Susie. Puertas afuera, algo inédito, el Dr. Josef Klemperer comienza a unir cabos y está cada vez más atormentado por lo que puede suceder, y por sus propios fantasmas del pasado.

¿Cómo se justifica que esta "Suspiria" dure más de una hora más que la original? Porque aporta nuevos elementos, y toda una subtrama original dramática sobre lo que ocurre en el exterior con una Berlín sumida en el dolor. Aquella película de 1977 podía manejar un lenguaje visual sutil en el cual los más expertos podían encontrar algunas sublecturas relacionadas con la opresión.

Lo cierto es que, parecía una propuesta de género más directa y concreta (no por eso menor ni mucho menos, al contrario). "Suspiria" versión 2018 posee toda una carga dramática nueva, es más enigmática, críptica, llena de imágenes que habrá que interpretar; y se permite la libertad de no siempre ser lineal sobre lo que dice; a veces, cuesta entenderla punto por punto, pero siempre atrapa, hipnotiza, y al final nos quedará la idea de haber entendido el maravilloso concepto global.

El director de la sutil "Llámame por tu nombre", cambia totalmente, y hace una puesta enorme, que explota por todos lados.

Los cuadros de danza son potencia pura; los colores vivos, con la sangre como detalle protagónico por todos lados, como personaje; los escenarios son inmensos; y los planos están cargados de capas y detalles para deleitarnos las varias veces que la miremos. Es una obra profundamente cinematográfica, con un gran uso del campo visual y del sonido como marcación.

Permanentemente tenemos la sensación de estar viendo algo inmenso, y lo hacemos siempre con la boca abierta. Sus dos horas cuarenta minutos son para el asombro, y pasarán rápido, no por poseer un gran ritmo (que no posee), sino porque todo lo que sucede nos atrapa y nos envuelve, y queremos más.

La construcción episódica en seis actos y un epílogo, y saberlo de entrada, también es un gran acierto. Se plantea como una puesta orgánica en la que cada cuadro expone algo propio. Si bien se diferencia completamente de "Suspiria" (como dijimos, no tanto de Argento y sus madres), hay referencias a otros grandes del género como Nicholas Roeg, Claire Denis, y Michael Soavi.

La paleta de colores se juega por los tonos opacos, apagados, pero shockea con el rojo impacto, la sangre que palpita aún a través de una luz penetrante. Se aparta del impresionismo, el neón, los juegos de luces, y la música golpeadora de Goblin, que tanto amamos de la original. Su propuesta es decididamente otra, y aun así, no se siente como traición.

Hay lecturas sobre la opresión; sobre la división dentro y fuera del instituto; sobre el nazismo; y sobre el feminismo en base a los reclamos actuales, con el rol de la mujer empoderada como una sanguinolenta y severa madre rectora frente a las actitudes patriarcales; y como institutriz para las nuevas generaciones. Permanentemente le descubrimos nuevas posibilidades de lecturas.

Guadagnino pone mano férrea en la dirección actoral, y no solo las coreografías, sino cada cuadro compuesto es preciso en cuanto a la marcación. Así mismo, las interpretaciones son otra virtud. Lejos quedó la Dakota Johnson de 50 sombras de Greys, hace rato que viene demostrando que está para más, y Suspiria es su consagración absoluta como gran actriz.

Mia Goth puede quitarle el protagónico en vario tramos, también demuestra ser una joven con muchísimo talento. Párrafo aparte para esa estampida actoral llamada Tilda Swinton, por si no leyeron la cantidad de spoilers que circulan sobre su interpretación, es mejor que descubran viéndola qué es lo que hace, algo sin palabras que le hagan justicia. Algunos pueden decir que es un capricho del film ponerla a hacer eso, pero nuevamente, es obra de otra lectura que se permite dar. Varios guiños como el de poder ver a Jessica Harper o a Sylvie Testud también serán disfrutables.

Dentro de los rubros técnicos todo pareciera ser perfección, hasta llegar a la banda sonora, con canciones de Thom Yorke que no cuadran del todo bien dentro de la propuesta. Sus tonos melódicos, como salidos de un propuesta indie, desentonan en algunos tramos, sobre todo en las escenas finales que necesitaban de algo con más potencia, operístico, que acompañaran la inmensidad de las imágenes.

Sin recaer en grandes dosis de gore, "Suspiria" también es un film que impacta, crea secuencias de mucho dolor, un terror mucho más extremo que el del simple susto o el baldazo de sangre. La sentimos. Es mucho más que un film de terror. Esta nueva versión de Luca Guadagnino no es deudora de aquel clásico de 1977, inteligentemente toma distancia porque sabe que es imposible igualar un film tan personal como aquel; y quizás esa sea su mayor virtud.

Construye su propio camino y entrega una obra de gran potencia, con un gran rigor estético, y varias lecturas que superan lo simplemente expresado en palabras. Solo el tiempo dirá si estamos frente a un nuevo clásico, elementos no le faltan.

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