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"Toda esta sangre en el monte": dolor y lucha, en el monte santiagueño

En el monte santiagueño hay un constante y silencioso conflicto entre formas de vida antagónica. En parajes, antes desamparados, el agro-negocio posó su impronta modernizadora.

Pero la vida campesina insiste. Aguanta. Afila su terquedad. El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) agrupa más de ocho mil familias campesinas, asumiendo como estrategia central la lucha por la tierra y mejorar las condiciones de vida.

Cristian Ferreyra, joven campesino miembro del MOCASE, fue asesinado en 2011 por defender sus tierras.

"El asesino fue Javier Juárez, vecino de la comunidad, contratado por el empresario Jorge Ciccioli para custodiar sus alambrados”. Con esta larga y explicativa leyenda comienza el nuevo documental de Martín Céspedes y rápidamente presenta el eje de la película, una leyenda de la cual es imposible prescindir ya que después no habrá más explicaciones que lo que sucede frente a cámara excepto a través de lo que se muestra.

De esa pantalla negra con texto se pasa a un primer plano de un ataúd (aquel que ilustra el póster), y la familia llorando y reprochándole a esa persona ahora devenida en cadáver el no haber llegado a casa como había prometido. Luego le sigue una escena también horrible.

Un cabrito siendo degollado, otro mirando y luego unos perros bebiendo de su sangre. Eso que impacta y repele es parte de la vida cotidiana de estos campesinos.

La imagen es shockeante y fuerte pero no es gratuita, porque además es un detalle de sus vidas a los que incluso más adelante se va hacer alusión que sirve para ilustrar diferentes posturas.

Y "Toda esta sangre en el monte" no puede evitar ser un retrato crudo. Céspedes desarrolla su documental desde la observación, sin necesidad de ir en busca de entrevistas, sin testimonios mirando a cámara.

Lo que le interesa es retratar la cotidianeidad de los campesinos, la situación por la que pasan actualmente, y después el trabajo del MOCASE y el juicio en torno al asesinato de Ferreyra que se sucede por el 2014. Así, sin muchos artilugios, consigue transmitir los momentos de tensión y resignación, aunque por momentos se lo sienta algo frío o áspero.

Sin dudas este documental termina siendo valioso no sólo por retratar y contar la historia de un asesinato (ni más ni menos que el de un activista como parte de un movimiento que tiene que luchar contra grandes terratenientes), sino por poner en foco una realidad que a veces parece tan lejana, y es aquella que tiene como protagonistas a la gente del campo y las luchas que día a día tienen que librar para poder vivir medianamente bien.

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