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"Everything, everything" (Todo, todo): la aventura de arriesgar para vivir a pleno

 

El young adult ha crecido muchísimo en la literatura durante los últimos años, y esto se ve claramente en el cine. Hollywood ama llevar a la pantalla grande esas historias de adolescentes que se comportan como adultos, y sus historias de amor o aventuras, habiendo dejado en claro que todo puede sucederles.

En este caso, quizás más inspirada en "Bajo la misma estrella" de John Green y algunas más que le han sucedido, es que llega "Todo Todo" de Nicola Yoon.

Stella Meghie es la encargada de adaptar esta novela que se centra en una joven adolescente que cumple 18 años y tiene una enfermedad que le impide salir de su casa y tener contacto con el exterior.

Maddie (Amanda Stenberg, a quien la pudimos ver en la saga de The Hunger Games) nunca fue a la escuela, nunca salió siquiera al patio de su casa, y sus únicas amigas y visitas son su enfermera y la hija de ésta, además de su madre que además es su médica.

De pronto llegan vecinos nuevos y con él su primer amor, un amor que nace entre señales, llamadas telefónicas y principalmente mensajes de texto.

Hasta que eso no es suficiente y aparece el primero de los dilemas de la película, aquel que se lee en el tagline del film: arriesgarse. Arriesgarse por amor. A la larga, una vida encerrada, ¿es vida? Luego a medida que el film se sucede, que pasan cosas y se van revelando otras, el film expone otras cuestiones, pero mencionarlas ya podría ser considerado spoiler.

Todo todo termina siendo una película de buenas intenciones, amable en su construcción de la historia de amor, pero que hace ruido y agua en todo lo que concierne a la enfermedad y el ámbito de su protagonista.

Por un lado, por más que la enfermedad exista, suena inverosímil, desde lo general a lo particular.

Por el otro, la madre que la protege y sobreprotege es un personaje que nunca agrada, más allá de que al final se lo quiera justificar. Todo lo que hace, como se comporta desde el primer momento, resulta cuestionable. Además, esa inverosimilitud que mencionaba no sólo se percibe desde el lado de su enfermedad.

Es un problema del que pecan muchas novelas y películas de este subgénero young adult: el que los adolescentes se comporten y sean tratados siempre como adultos, en el mundo normal, aquel que en algún momento Maddy va a tener que enfrentar, y donde todo les resulta bastante sencillo.

El film cuenta con algunos momentos de creatividad visual, como la secuencia donde explica la enfermedad con animaciones, o las conversaciones de texto trasladadas a un plano imaginario que los tiene hablando cara a cara.

Es que se perciben las buenas intenciones en el relato, el problema es que uno no puede evitar sentirlo todo un poco forzado. A favor tiene que el film apela a la diversidad, a mostrarla sin necesidad de anunciarla como tal.

La relación protagonista es interracial pero eso no influye para nada. De hecho la realizadora canadiense, quien sólo dirigió una película independiente llamada Jean of the Joneses, llamó la atención del estudio con su ópera prima y logró un lugar privilegiado para una mujer de color.

Una historia de amor para fanáticos sin muchas exigencias, una trama que hubiese funcionado mejor de un modo más oscuro y menos edulcorado, y un par de buenas interpretaciones y química entre ellos. Todo todo cumple dentro de su género pero nada más.

 

Ultima actualización (Sábado 17 de Junio de 2017 13:53)

 

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