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“Naturaleza Muerta”: respetarás lo que comes

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Un grupo de personas, un asesino que se encarga de ir liquidándolos de a uno, una protagonista que se mete donde no debe, todas las reglas del terror cumplidas a rajatabla. Todo esto sonaría como una extrañeza para el cine argentino hace no más de diez años. ¿Se acuerdan cuando hablábamos del incipiente cine de género en nuestro país?

Lo primero que hay que remarcar sobre Naturaleza Muerta es que estamos en presencia de la consagración definitiva del terror argentino; una película que nos invita a no conformarnos con menos. Gabriel Grieco sabe de pelearla desde abajo, director de varios cortometrajes entre los que podemos contar la co-autoria (junto a dos nombres fundamentales como Pablo Pares y Nic Loreti) de los míticos cortos de Nathan, el peluche asesino; hace su debut en el largometraje cumpliendo nuevamente su doble rol de director y guionista.

El hombre parece que sabe de lo que habla, y desde los pocos minutos de Naturaleza Muerta las grandes referencias se hacen evidentes. Una mujer (Mercedes Oviedo) sola en su casa, se encuentra cenando un jugoso plato de achuras; el aire es raro, sabemos que algo no está bien. A los pocos días llega al pueblo Jazmín Alsina (Luz Cipriota) una periodista que esperaba ser nombrada como titular del programa de noticias, y no, es enviada a hacer una nota sobre la contaminación de las heces vacunas. Pero el destino quiere que sea ella quien encuentre la billetera de Julia Cotonese (Oviedo), que desde aquella noche se encuentra desaparecida.

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De manera oculta y sin informarle ni siquiera a su camarógrafo (Ezequiel de Almeida), Jazmín inicia una investigación paralela sobre lo sucedido, pero se topará con una verdad que no podrá soportar. En el pueblo parecen rendirle un fuerte culto al vegetarianismo y veganismo, por lo que personas como los Cotonese o el ganadero interpretado por Nestor Sánchez no son personalidades muy queridas.

Hay varios sospechosos, y Jazmín cuenta con la ayuda, para resolver el misterio, de un activista (Amín Yoma) que entre otras cosas tiene una ONG (dice integrada por él solo) para concientizar sobre el no consumo de animales. Son varios los aciertos de Naturaleza Muerta, tanto estéticos como narrativos. En primer lugar, el constante in crescendo que propone. La tensión se crea de a gotas, se hace un inteligente uso del fuera de cámara sin que resulte a manipulación hasta llegar a una escena que funciona como una bisagra, uno de los momentos más shockeantes que recuerdo haber visto en la filmografía local.

Grieco sabe cómo colocar la cámara, como crear un clima ominoso permanente y como ir dosificando la información visual de modo justo. En este aspecto también es remarcable que se trata de uno de los pocos films que supo utilizar coherentemente el uso de cámaras fijas de seguridad o cámaras en mano (El llamado found footage), en contados momentos y para crear un momento de caos e incertidumbre medida que no resulta ni desmedido ni incongruente con la lógica de las situaciones.

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El argumento, que se propone también como un fuerte alegato en contra del maltrato animal (verla en conjunto con la reciente "El Patrón" de Sebastián Schindel asegura no probar un bocado de carne en un largo período) es perfectamente funcional como móvil de terror.

Si bien no destaca totalmente en su originalidad (las referencnias son muchas y recoconocibles) cuenta a su favor con un asesino serial logradísimo dispuesto a convertirse en un ícono local temprano, con personajes con características bien delineadas (con el aporte de interpretaciones convincentes de todo el conjunto) y con un ritmo permanente que descansa tanto en la agilidad del relato como en el interesante montaje que otorga virtuosismo sin convertirse en “videoclipero”.

" Naturaleza Muerta" es un slasher de manual, pero en el mejor sentido de la palabra, es un film altamente entretenido, divertido, que sabe aprovechar a su favor varias “inconducencias” en los hechos, que maneja un humor sutil y varias escenas para mantenernos atentos y aferrarnos a la butaca. Lo mejor que se puede decir es que recuerda a las mejores épocas del slasher, a aquellos films a los que de cierta manera homenajea, y no lo hace desde un lugar de inferioridad, se para de par a par y sale airoso, como un film inteligentemente sangriento. Seguidores del género (local, extranjero, ya no importa), tienen una cita obligada. Recomendable.

Anexo de Crítica por Patricia Relats

Soy una cobarde por excelencia. De verdad. De esas que el simple silencio o el personaje siendo claramente espiado por una cámara subjetiva ya me dan ganas de largarme a llorar. Pero algo tienen los slashers que todas las veces quiero ver qué me proponen. Este subgénero que dicen tendría su primera expresión en Psicosis, trata de estos personajes que gustan de elementos punzantes para asesinar a sus víctimas, generalmente mujeres y generalmente con fines moralistas (lo cual a mí me encanta porque la lógica es que matar es mejor que lo que hacen ellos).

No son los tipos más sociables lo cual se entiende porque si no, no se explica que guste hacer brochette de la gente. Como buen referente de estos nuevos slashers ecológicos, hay un fuerte mensaje en “Naturaleza muerta” que tiene que ver con el maltrato animal. En este caso contra las familias ganaderas de una localidad perdida (que para remarcar todos te dicen que son "gente de mierda") que el espectador conoce a través de Jazmín, una chica a la que le quitaron la posibilidad de ascender laboralmente dentro del noticiero en el que trabaja y la mandan a entrevistar al autor de un libro que habla de lo mucho que contamina el ganado, o sea, algo así como la Siberia laboral del periodismo.

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A partir de esto, se irá relacionando con el espacio donde se dio una desaparición de la hija de uno de los ganaderos más importantes de la zona. Respondiendo a cuestiones de género, tenemos un primer asesinato que es extenso y en una zona no urbana, con pocos vecinos, a una mujer con reducidas chances de salvarse. A esto sumamos que la nueva heroína debe ser igual de impactante pero mucho más intuitiva. Si esto no te enamora, tenemos secuencias de títulos al menos estilo cine clase B de los 80s.

El claro mensaje ecológico hace que el tagline "Primer thriller vegano" le vaya como anillo al dedo. No sólo tenemos estudiantes comentando sobre esto sino claras explicaciones de cómo hemos elegido ser carnívoros por imposiciones sociales. Una tendencia global pero acá muy bien usada, con la fórmula del género aplicada con un inmenso amor al séptimo arte.

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Gabriel Greco en su ópera prima y su co escritura del guión hacen un uso inteligente de los recursos en una película que te mantiene al vilo de la butaca. El elenco, encabezado por Luz Cipriota, también responde a lo que necesita el guión: ella impactante y molesta por la situación inicial, lleva directamente a ponerla como la heroína, con su wing man, el pueblo que no conoce y todo que se podemos pedir para condimentarlo. Y, por fin, personajes con una motivación que te parecen lógicas porque se da el contrato con el tipo de cine.

Tiene una cámara nerviosa, lindas persecuciones, por momentos simula la cámara de un celular, usan zoom (AMO el zoom en el cine de slashers) una cuestión predatoria con un mensaje que no es para estómagos sensibles. Quiere causar un impacto y lo logra. Destaco la música que sin ella, el cine de terror, poco terror causaría. Pero sobre todo porque combina a Cerati, Spinetta, Airbag y composiciones originales, originadas para ponerte los pelos de punta. Hacía mucho que no lo pasaba tan bien (bueno, mal, pero se entiende que es lo que el cine de terror pide) con una peli de este género. ¡Larga vida al cine de género argentino!

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