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"Leaving Neverland": Jackson, engaño y decepción

Quienes hayan visto la reciente "Abducted in plain sight" (la película disponible en la plataforma Netflix que narra la historia de los Broberg, una familia de Idaho que es manipulada por su vecino que logra secuestrar y abusar de su hija en dos ocasiones, iniciando una relación cuando ella tenía tan sólo 12 años) sentirán seguramente que “LEAVING NEVERLAND” tiene varios puntos de contacto con esta historia y por sobre todo, el tema del abuso y la pedofilia en primer plano.

Pero en este caso, el hecho toma ribetes más sensacionalistas porque quien está involucrado en estas denuncias es la mega star de la música por: un icono como Michael Jackson quien no solamente abusó físicamente de estos menores sino que además hizo abuso de poder económico, su popularidad y su fama para que, de una manera u otra, estos casos tardasen en salir a la luz o fuesen completamente desestimados.

Más allá de la narración explícita de las formas de abuso y pedofilia desarrolladas por Michael Jackson en pleno pico de su carrera y su fama mundial, el documental de cuatro horas de duración parece regodearse y privilegiar el relato pormenorizado de las víctimas (plagado de detalles) que si bien es la base de lo que el documental quiere denunciar, la repetición explicita y reiterada, desgasta el relato y hace que pierda fuerza y contundencia.

Si bien en la segunda parte el documental muestra a los protagonistas con sus parejas y con sus familias bien constituidas en el aquí y ahora, mostrando la capacidad y el potencial de resiliencia que han presentado sus historias y esa posibilidad de enfrentar sus vidas de otra manera, lo que llama poderosamente la atención en "LEAVING NEVERLAND" es que omite burdamente el rol que han jugado los padres de esos niños abusados -hoy hombres- en toda esta situación.

No hay ninguna duda de lo horrorosos que han sido los hechos y de lo traumático de la situación para quienes la hayan padecido. Lo oscuro y lo siniestro del abuso se amplifica ya que Michael Jackson lo hacía desde su halo de figura endiosada por los fanáticos: se apropiaba sin dudarlo de lo que quisiese, su deseo sin ningún tipo de límites.

Además de ser lastimados y abusados físicamente, igual o más grave ha sido la devastación psicológica por la que atravesaron cuando, siendo tan pequeños, de un día para el otro, en el sistema que el astro implementaba, un niño pasaba de la mañana a la noche de ser "su mejor amigo fiel" y pasar horas conversando telefónicamente día tras día y ser los especialmente "elegidos" para encerrarse en su cuarto, a la completa ignorancia cuando en el reinado de Neverland aparecía una nueva "adquisición".

Algo destacable dentro de las entrevistas, es la confesión de esos sentimientos encontrados por los que atraviesan –aún hoy- las víctimas. Por un lado aparece el amor y la admiración por la figura de su ídolo (que además era considerado como un miembro más de la familia porque lograba ganarse un lugar dentro del seno familiar) más esa irremediable adrenalina de estar compartiendo con esa mega estrella, la intimidad de su casa y de su cuarto.

Por el otro, el de tomar verdadero contacto con lo traumático del abuso y doloroso de haber tenido que pasar por esa situación. Si bien uno puede quedarse shockeado por lo descarnado y explícito de los relatos de los que se nutre “LEAVING NEVERLAND”, es cinematográficamente cuestionable como grupo de documentalistas que se propone abordar una vez más el tema del abuso y la pedofilia, cae en la simple polaridad de presentar este tema dividiendo las aguas sólo entre víctimas y victimarios.

En ningún momento, y omitiendo lo más perturbador de todo lo sucedido, el documental se ocupa de profundizar sobre una importante clave que queda encerrada en (casi) todo abuso: la figura del "entregador" que en todos estos casos, está siempre presente, ya sea de una forma consciente o inconsciente. 

Queda absolutamente claro que estos padres han sido promotores de la situación, enormes facilitadores que trataron de no ver lo obvio porque quedaron encandilados con los “cinco minutos de fama”, con el falso orgullo que su hijo fuese “el elegido” y porque sin duda para que el modus operandi de Michael Jackson jamás saliese a la luz, el astro se ha encargado de ser lo suficientemente generoso con regalos y dinero en efectivo que ayudara a comprar el silencio de esas familias que “gentilmente” fueron cediendo terreno y encegueciéndose sobre lo que ocurría prácticamente en sus narices.

Hoy, los protagonistas de estos testimonios, son hombres, padres de familia y pueden, desde ese punto de vista, redefinir lo sucedido.

¿Angustia más el abuso o angustia más la dolorosa realidad de reconocerse desprotegido por el mundo adulto? ¿Duele más esa desidia en el seno familiar, la falta de contención y el desamor de los padres, que el propio abuso por parte de un tercero? ¿Qué sienten hoy, que ya son padres activamente responsables, al ver que los suyos eligieron en su momento cambiarlos como si hubiesen sido mercaderías por un puñado de lujos, muchos beneficios secundarios y ese sentido de pertenencia a un mundo de confort y de excesos al que claramente no hubiesen accedido de otra manera y que fue el elemento de seducción con el que Michael contaba?

Lo que más irrita es que la cámara siga dando un lugar de entidad a discursos negadores del estilo "jamás pensé que estuviese pasando esto" y que los trate con total liviandad desde el confort de sus sillones impecables, partiendo de un relato totalmente desafectado de emocionalidad.

Una compañía como HBO, con una extensa trayectoria en la producción de documentales, se queda en “LEAVING NEVERLAND” en la anécdota y en la superficie, un poco rozando el amarillismo. Pareciese ser que Michael Jackson los encandiló una vez más con sus brillos, y los dejó sin intenciones de profundizar ese tercer componente: en ningún momento se focaliza sobre la figura enferma del seno familiar.

Sería mucho más saludable para las víctimas dejar de tener una mirada tan benevolente y condescendiente sobre ese mundo adulto que colaboró y empujó para facilitar este tipo de situaciones.

La valentía de los testimonios y la desnudez que logran frente a la cámara con total honestidad, es lo que da una fuerza contundente a "LEAVING NEVERLAND" aunque para poder justificar un formato de miniserie, la película se prolonga demasiado, comienza a padecer de ciertas repeticiones y sus cuatro horas de duración suenan, por lo menos, algo excesivas.

"Leaving Neverland" puede verse durante la programación de HBO semanal o por los sistemas Flow de Cablevisión y Telecentro Play de la misma compañía.